Te confieso que este no es el borrador original que venía desarrollando para esta entrada.
¡Ha sido una angustia hablar de la angustia!
En cuanto te metes de lleno en este tema, te das cuentas de lo difícil que es, ya de por sí, abordarlo académicamente. Pero aquí estamos, anudándolo al artista.
Pese a mis empeños de concluirlo todo en esta entrada, seguro que dará para una continuación.
El título te hace spoiler: El Artista, La Angustia y El Arte.
Te presento a nuestros tres grandes invitados para abordarlo:
•Sigmund Freud
•Søren Kierkegaard
•Jacques Lacan
Ellos no son los únicos que han hablado de la angustia. Su trabajo, sin embargo, se considera entre sí, siendo, al final, Lacan quien integra a los otros dos, junto con su propio desarrollo del tema.
Ninguno de ellos, he de decirlo, desarrolló la angustia articulada al artista y/o al arte. De eso nos ocuparemos hoy, tú y yo.
Como esto no es una cátedra, sino un blog, mi compromiso es hacerlo, también, interesante y divertido, en la medida de lo posible. ¿Por qué en la medida de lo posible? Porque puede que tengas tan mal gusto que no te rías donde se supone que lo hagas.
Sería difícil culparte por eso.
¿Entrada o ensayo?
Bien podría llamarlo ensayo, pero es una entrada. Sin embargo, vamos a tomárnoslo en serio, a argumentar y, ¿por qué no?, también contraargumentar con antítesis. Pero, antes de entrar al tema, quiero aclararte algo importante.
Esto es una lectura mía.
Ninguno de nuestros autores invitados trabajó la angustia como algo usable ni, mucho menos, la ligó al artista o al arte.
Por lo que me voy a permitir leerlos desde otro lugar, desde el artista.
Perdón por reiterarlo, pero quiero que tengas claro que esto no se trata de un texto ortodoxo, por si es eso lo que buscas, puedas cerrar esta página a tiempo. Hallarás seguro a otros hablando más convencionalmente del tema.
Por supuesto, al final, el debate queda abierto, así que, si quieres aportarle al tema, hazlo. De eso se trata este espacio.
Los Tres Niveles
Haciendo honor a Lacan con los tres registros que plantea: Simbólico, Imaginario y Real, he ordenado así el planteamiento de los autores:
•Registro Real: entraremos por Freud, con Inhibición, síntoma y angustia.
•Registro Imaginario: continuaremos con Kierkegaard, con La angustia.
•Registro Simbólico: y finalizamos con Lacan, con El Seminario 10 La angustia.
La angustia como enemiga
¿Te ha pasado? Vas a pintar, escribir o componer, por mera diversión, y todo parece que te es dado, como si tuvieras un acceso privilegiado al Banco de la Ideas. Pero vaya y te toque crear bajo presión.
Pareciera que a las Musas les hiede la angustia.
Pareciera.
Te quiero contar una triste e irónica historia.
Con la publicación de El Fantasma de Milandra y mis ganas de vivir del arte, cuando dejé el trabajo que tenía en mi primer centro de llamadas (call center), y me fui a las calles, parques y playas a mercadear la novela, ¿qué crees?,
»la angustia me destrozó.
No solo porque la suerte del primer mes me abandonó al segundo y comencé a verme colgado con arriendo, pagos, mensualidad de mi hija, etc., sino porque, además, era incapaz de crear.
En ese estado de angustia, mis poderes creativos, que me llevaron a concluir el borrador en 2 días, se diluyeron.
Parece obvio el problema, pero, ¿y si la angustia pudiera usarse a favor para crear?
En ese entonces estaba muy ocupado, resolviendo que se me hundía mi barquito de papel que llevé a altamar, para preguntarme eso.
Por fortuna, aquí estamos, formulando la pregunta en forma de tesis.
Tesis
Mi tesis es sencilla de decir y difícil de articular y sustentar: la angustia, como artistas, la podemos usar a favor.
La batalla imposible de ganar
Es aterrador cuando reconoces cuánto de lo que hacemos —mucho de esto, inconscientemente— es para evitar la angustia. Y jamás lograremos erradicarla.
En los tiempos de hoy, se hace más evidente que recurrimos a lo más vacío, inmediato y hasta tonto, con tal de no ser tocados por la angustia.
¿Crees que es exageración?
Basta con subirse a un bus y ver a la gente pegada a la pantalla, viendo cuanta pendejada les lanza el algoritmo a la cara.
¿Alguno de nosotros puede dar cara a la angustia mientras se distrae del vacío?
Es una pregunta que conviene tener presente, por lo que ahora veremos respecto a la angustia y el vacío.
Te adelanto que, desde ya, se puede ir apreciando en esos síntomas colectivos que este tema no es como hablar de cualquier otro afecto, como la tristeza o el enojo.
La angustia toca la estructura del ser humano.
De los animales también, pero no muchos tigres leen mi blog.
¿No es, entonces, buena decisión ir a buscarla? Tal vez en la angustia se encripte un mensaje para cada uno.
Introducción
Usemos lo más cercano, como un buen artista ha de ser capaz de hacer.
Tomemos de ejemplo esta misma entrada, como resultado del uso de la angustia que veremos aquí.
La idea surgió como cura a mi mediocridad.
Este año, el segundo día de enero, me cacheteé, al reconocer a qué punto me dejé consumir por la muerte cotidiana.
Había dejado poco o nada de espacio para crear y leer.
De mis otros objetivos, ni hablar; un mediocre total. Por ejemplo, el de esculpir mi cuerpo, lo había reducido a entrenar de vez en cuando.
Aprovecho para decirte que, por pintoresco que suene lo del cuerpo, es algo que hay que plantearse. El Artista no debiera limitarse a crear en papel, lienzo, para la tarima, etc., sino ver en su cuerpo parte fundamental de su obra, ¿no crees?
Por ahora, dejémoslo ahí.
Y, bueno, tras una conversación conmigo mismo, opté por ceñirme a una agenda personal. Algo en apariencia básico.
Hasta ahí todo muy bonito, pero demasiado lineal.
¿Dónde está el error?
Al hacer méritos para confiar en mí mismo, comencé a permitirme, con el pasar de los meses, dejar una que otra cosita por fuera.
Cumplía con el 95%, pero siempre había algo a la semana con lo que me excusaba.
Por fortuna, yo mismo me di cuenta de la falla, luego de sermonear a mi hermano por algo parecido.
Si piensas que es exagerado exigirse tanto, te recuerdo que Miguel Ángel se jodió la espalda, el cuello y la vista pintando los frescos de la Capilla Sixtina.
O, un ejemplo más cercano, que leí hoy en las noticias: Pinin Brambilla, la mujer que trabajó por más de 20 años reconstruyendo La Última Cena de Da Vinci y le metía hasta en fines de semana.
No te ha de sonar tan mal decir que es buena idea exigirse a uno mismo crear.
Sobre todo cuando en la muerte cotidiana se te exige producir y zombificarte a cambio de… (completa tú la frase).
Continúo con mi importante descubrimiento.
Retomé, a raíz de eso algo que hacía tiempo atrás, con otros fines: designar un día, equivalente al séptimo día —quien haya trabajado en centros de llamadas entenderá por qué no siempre coincide con el domingo—, para rendirme cuentas a mí mismo, en términos de qué hice y qué no hice. Por supuesto, sin lugar para justificarme.
Pero, claro, si uno va a ser su propio jefe, no puede ser tan desalmado como para dejarse a tientas.
Me puse, pues, misiones semanales —una de ellas, por cierto, es terminar el borrador de esta entrada, por lo cual estoy en mi sábado a media noche escribiendo, en lugar de fuera con amigos— y recompensas según cuántas cumplí y, he aquí el descubrimiento: hay consecuencias si incumplo.
Nada de latigazos; aquí no hacemos eso.
Hablo de cuestiones que, de hecho, pase lo que pase, como artista gano.
¿Por qué? Para romper el viejo guion, no basta con motivarte con cosas que quieras; ha de aterrarte seguir en el viejo papel.
Concretamente, si no cumplo con algo de lo referenciado, entonces, el séptimo día, me quedo en casa creando, hago un cardio pesado, que consiste en un minuto de saltar lazo y, sin descanso, un minuto haciendo burpees, hasta sumar 20 —lo llamé crazy beats porque se siente que el corazón explota— y un par de cuestiones personales que no te contaré aquí porque quizás nos tengan intervenidos.
Puedes o no creerme, pero mejor si sí lo haces cuando te digo que, desde entonces, no he fallado ni uno solo de mis objetivos.
He aquí el corazón de la cuestión.
No, así suena cacofónico. Mejor: he aquí el corazón de nuestro tema.
Antítesis
Sería fácil concluir con que se trata de ponerse consecuencias —no te recomiendo que vayas por vía de castigos, por lo que vamos a ver—, premios y, por supuesto, objetivos.
Además de no ser algo nuevo, nada distinto de lo que cualquier canal de superación personal puede aconsejar, corremos el peligro de, con eso, disparar una dinámica de goce en el castigo.
Me podrías decir, con todo el derecho del mundo, que eso muy básico ese planteamiento para alguien que dice que va a plantear el tema usando lo que desarrollaron nuestros tres invitados.
Gracias a este cuestionamiento es que me he visto en la dificultad que estoy, pues, aunque esto funciona para mí por mi historia familiar —padre ausente, referentes no claros y/o nulos—, deja lejos pensarlo como una fórmula universal.
Mi compromiso es, entonces, desarrollar el tema tan universal como sea posible, sin prometerte algo que no pueda cumplir.
Por suerte, tú eres artista, así que, si le ves el valor que lo que estamos desarrollando, hallarás las vías por las cuales para ti también hacerlo funcionar.
Freud y la Angustia
Pasemos entonces a ver qué han dicho otros sobre la angustia.
Para Freud, en su triada de inhibición, síntoma y angustia —texto en el que nos estamos basando—, la angustia se detona ante la idea y/o peligro de castración.
Él diferencia este tipo de angustia de la angustia frente al peligro real, como puede ser vérselas cara a cara con un depredador.
¿A qué se refiere con castración? No conviene pensarlo en términos literales, porque nos deja más incógnitas de las que resuelve.
Hoy en día, gracias Dios, no es un peligro latente la castración. Además, como él mismo plantea, ¿qué pasa en el caso de la mujer? Pensarlo literalmente, nos llevaría a absurdos tales como que la angustia es netamente masculina.
Bueno, sucede que, si bien se refiere en su texto, también, a la castración en lo real, esta queda rápidamente descartada, ya que ni siquiera en los tiempos de él era una práctica que aún se realizara.
Introduce, pues, la castración del padre, con el desarrollo del complejo de Edipo.
Y de repente nos pusimos demasiado académicos, tan complejos como Edipo.
Vamos a intentar explicarlo rápido y sencillo para avanzar, a ver si logramos hacer el simplificado de Edipo.
En poquísimas palabras, ya que es un tema tan extenso que aún no se ha dicho todo, el complejo de Edipo se refiere al deseo infantil que el niño —varón— desarrolla hacia la madre, al desearla como mujer.
Ante esto, la angustia se detona en el niño por temor, inconsciente, cabe aclarar, de que el padre lo castre.
¿Y la mujer? Bueno, según Freud, en la mujer, en su base más estructural, la angustia se detona ante la idea de pérdida del objeto (de amor).
Estamos exponiendo lo que él plantea, no aseverando ni refutando.
Te dije que Freud estará en el Registro Real, ¿no?
Pero todo esto suena mucho más Simbólico que Real.
Lo situé en lo Real porque el texto no se dedica únicamente a la angustia, cosa que en el caso de Kierkegaard y Lacan sí —en Lacan, al menos en el título—, sino que lo lleva al terreno del síntoma.
En Psicoanálisis, el síntoma no es una tos o un dolor de cabeza.
Distinto a la medicina, un síntoma, y aquí me valgo del ejemplo que él mismo usa, puede ser el obsesivo que se tiene que lavar las manos antes de comer.
Uf, te prometo que ya casi acabamos con esto tan técnico.
¿Cuál es la revelación?Para mí, fue esta: el síntoma es para evadir la angustia.
Quedémonos con eso, por ahora, pues si me picas la lengua me tienes aquí escribiendo una biblia al respecto.
Con Freud, estamos en condiciones de plantearnos un uso interesante de todo esto.
Si bien es cierto que el síntoma, en su sentido estricto, no es algo que provenga de una decisión.
Por algo, durante el desarrollo del tema habla de formaciones del Inconsciente, refiriéndose a éste. Pero, si nos salimos del marco clínico, ¿no es pensable la creación artística como una vía de evadir la angustia?
Por supuesto, y perdón si me hago pesado aclarándolo, pero eso sería una vía no espontánea, sino asumida.
Aquí parece que llegamos a una conclusión. Sin embargo, aún nos queda mucho por andar.
Cerremos este punto, abriendo la creatividad.
¿No te va siendo, desde ya, bastante usable en el arte?
Como escritor, esto a mí me dio fuente de conflicto e inspiración infinita para mis historias.
No obstante, más aun que en el Arte, me interesa llevarlo al Artista.
Kierkegaard y la Angustia
La otra vez me decías que ya no hacíamos nada nuevo, que siempre era hablar de Arte y Psicoanálisis, bucear en las Marianas, hacer excursiones en el Amazonas y conducir con los ojos cerrados.
Bueno, te tengo hoy algo diferente. Es una cita sorpresa:
«La angustia es el estado del espíritu que sueña… su realidad es la nada; pero esta nada ve constantemente la angustia.».
Ya vas viendo por qué le corresponde el Registro Imaginario a nuestro buen amigo Kierkegaard.
Nos sirve pensarlo así. ¿No es, acaso, enfrentarnos a la nada la cosa más angustiante?
Si has llegado a tener una experiencia que te enfrenta a tu posible desaparición, en el registro que sea, creo que podremos concordar que sí.
Para Kierkegaard esta nada es existencial. No obstante, trabajaremos con el significante «nada».
Esto no está, realmente, en contradicción con lo que plantea Freud, si lo articulamos así:
»desarrollamos síntomas para evitar la angustia de enfrentarnos contra una noción de la nada.
Por ejemplo, si lo pensamos en términos de exilio —castración simbólica, aunque actuando en lo real—, no se trata únicamente, poniéndonos tribales, de enfrentarse a los peligros de la jungla en soledad, sino de la soledad misma: perder el apoyo de tu tribu, tus seres queridos, quién te recuerde tu nombre, etc.
¿Que eso ya no sucede? Igualmente, la angustia al rechazo social, sigue operando como si sí, y todo lo que actuamos para evitarlo cuenta como síntoma.
La nada no es abarcable por nada.
Esto que parece un chiste con pretensiones de ingenio tiene rigor. Si dices «nada», eso ya es algo. Ese, en apariencia, mínimo detalle, da muestras de por qué es tan angustiante enfrentarnos a la nada: somos incapaces de procesarla.
Pero Kierkegaard no está pensando el tema en artistas ni en crear. ¿De qué nos sirve entonces?
Como artistas, si llevamos esta idea a nuestro terreno, veremos que nos enfrentamos a la nada constantemente.
Un lienzo en blanco, un documento de Word sin alguna letra aún…
Lo llenamos, como dice Cristofer en El Fantasma de Milandra, refiriéndose al vacío, si me permites citarme a mí mismo, que lo llenamos con lo que nos han dicho que tenemos que llenarlo.
—Por favor, no me preguntes si es lo mismo la nada que el vacío, porque luego me queda una entrada de diez mil palabras que ya me dirás tú quién se la lee.
No es difícil de pensar por qué lo llenamos con lo que nos han dicho: escribes/pintas/etc. de lo que has vivido + lo que has escuchado/leído + tu experiencia subjetiva + sabrá Dios qué —porque hay que aceptar que la creatividad no se reduce a una ecuación así, sino que conecta con un Orden Superior.
¿Y la angustia?
Ya se me pasó, ¿y a ti?
Ah, no, el tema. Claro, claro.
La angustia nos aparece ahora más mística y, paradójicamente, más cercana a nosotros como artistas.
Con esto termina Kierkegaard de hacernos, por hoy, sus aportes.
Si todavía no te ha hecho ese clic es porque no hemos llegado a conclusiones aún.
Lacan y la Angustia
Cuando llega Lacan lo pone todo patas arriba, antes de reordenarlo.
Dice que Freud no logró en verdad articular el tema de la angustia en la profundidad que merece; interroga el término inhibición; articula la angustia con los afectos y, viene y dice: «La angustia surge cuando aparece algo en el lugar de la falta».
Es decir, nos desbarata la bonita creación que veníamos haciendo con Freud y Kierkegaard, donde anclamos la angustia en la nada, y situamos los síntomas como una huida a dicha nada.
Tendremos que avanzar, a ver si más adelante convergen.
Para Lacan, la angustia es el único afecto confiable.
La tristeza puede enmascarar enojo, la alegría enmascarar tristeza, pero la angustia se presenta ante la crudeza de una verdad.
Te contaré algo y espero no verlo por ahí publicado en Internet.
Empíricamente, por esa tendencia mía a la introspección minuciosa —término que se me ocurrió, ya que paja mental se me hace muy vulgar—, había notado esto.
No pocas veces me ha sucedido que me armo fantasías con alguna doncella, escenarios de aventura, horas, días y vidas de diversión amorosa garantizada, y pum, resulta que o no le gustan los guapos e inteligentes —ni yo tampoco— o que tiene novio o que se desencarna —esto último, por fortuna, nunca ha pasado y ojalá no pase, pero ya llegará el día en que te cuente algo similar a eso.
Ese choque entre lo fantástico y ‘’la verdad’’ ha sido el núcleo de la crisis existencial. De la mía, al menos.
Y aquí, al fin, convergen nuestros tres invitados, con la siguiente lógica: la angustia surge ante la castración que enfrenta a la nada por un encuentro con la crudeza de la verdad. Para evitarla, parece válido cualquier síntoma.
Pero Lacan no estaría ni cerca de orgulloso si lo planteamos hasta ese nivel, cuando él le dedicó semejante seminario tan complejo a la angustia.
Y aunque te he dicho desde el primer momento que esto es una reinterpretación, mi intención es darle el mayor rigor posible, sin que se vuelva un tocho intragable.
Así que avancemos.
No veo aburrimiento en tu despampanante rostro, pero, por si acaso, ya que el aburrimiento sí se puede enmascarar, te digo que ya nos acercamos al final.
¿Que te da tristeza? A mí también. Pero cuidémonos de que eso no sea una falsa emoción que enmascare un enojo porque no entendimos.
Mejor angustiémonos ante la idea de no concluir nuestro tema presente.
He aquí donde Lacan nos brinda una luz, ante este tema de naturaleza tan oscura, con la aterradora imagen de
»estar ante una mantis religiosa, con una máscara puesta, que desconocemos de qué es. Si es algo que detona el deseo de la mantis —el deseo del otro—, nos va a devorar.
Tiene que ser una mantis muy grande, porque, si no, un zapatazo lo arregla todo.
Lacan dice que la angustia no es ante la falta, sino ante la falta de la falta. Es decir, que no nos falte nada en el deseo del otro, lo cual no dejaría espacio para nuestro deseo.
Esta versión de la angustia nos deja en condiciones de, por fin, plantearnos usarla a favor.
Conclusión
Con lo que hemos aquí desarrollado juntos, tenemos que anudarlo en nuestro caso, para que no se quede en una interesante entrada respecto de la angustia.
El título El Artista, La Angustia y El Arte no parece muy adecuado si nos quedamos con lo que hasta aquí hemos desarrollado.
Se hubiera podido llamar La Angustia, sin más.
El Artista es, a este punto, a quien convocamos, para que se haga responsable de angustiarse por no crear.
Te conté mi aplicación del tema en mi propia vida y, también, gracias a la antítesis, las limitaciones al intentar hacerlo universal.
¿Entonces nada más llegamos hasta aquí? Por supuesto que no. Aquí, donde es el FIN, es que armamos el INICIO.
Retomando la primera entrada, verás que esto tiene perfecta concordancia con romper el guion viejo.
Si la angustia se detona ante la falta de la falta, es nuestra responsabilidad como artistas generar esa falta. Y aquí hago la última mención, creo, de que generar la falta no es un concepto que provenga de Lacan.
Aquí es mucho más claro por qué a mí me funciona cómo lo hago.
Incumplir mi agenda y/o mis misiones, no estar en falta ante mis obligaciones, sino ante mi deseo.
¿Por qué me angustio? Porque, como Lacan nos ayudó a dejar claro, eso significa la falta de la falta.
O, en nuestros términos: dejar que la vida se llene tanto de obligaciones, que se transforme la ‘’vida cotidiana’’ en muerte cotidiana.
La solución no viene sola ni por fuerza de voluntad, sino por un intenso, honesto, constante y profundo deseo, y por reconocer que no va a suceder si no lo haces suceder.
Para estar en condiciones de Hacer de La Vida La Gran Obra se nos hace necesario lograr angustiarnos cuando nuestro Deseo de Artista queda por fuera.
Con lo que hemos recorrido, ya no estamos frente a una simple reflexión sobre la angustia; estamos frente a una decisión.
El Artista no es quien espera a que la angustia llegue, ni quien vive huyendo de ella como todos. Es quien se hace responsable de su relación a ella.
Si la angustia, como vimos, no surge ante la falta, sino ante la falta de la falta, el problema no es sentirla, sino vivir de tal manera que ya no haya espacio para el deseo propio.
A este punto, quedamos con nuestra deseada conclusión.
No se trata de teorizar más. Se trata de no traicionarse.
De no dejar que la vida se llene hasta el punto de no dar lugar a este deseo que insiste desde dentro y que parece tan normal mandar a callar.
Ahora se trata crear, como un Artista que planea Su Obra, las condiciones en las que tu deseo no pueda ser ignorado sin consecuencia.
Eso —y no otra cosa— es lo que, en esta entrada-ensayo, llamamos usar la angustia a favor.
No como castigo. No como método.
Como motor.
Porque hay una diferencia entre querer crear…
y no poder vivir sin hacerlo.